Nadie sabe cuanto tiempo va a permanecer aquí en a tierra,
lo único que sabemos desde el comienzo de nuestra existencia,
es que en algún momento, nuestros días en la tierra llegarán a su fin.
Ayer, tuve esa misma sensación de vulnerabilidad y fragilidad que siento
cada vez que alguien muere,
el pensar que rutinariamente como una vida llega a esta tierra, otra de pronto, se vá.
Esta vez fué el turno de un hombre que desde pequeña me hizo amar las ciencias,
quién me enseñó a no tener miedo de preguntar todo
y el a la vez calmarme con sus muchas respuestas.
De niña creía fielmente que todo lo sabías y todo eras capaz de arreglar,
que siempre estarías ahí para alegrarme cuando estuviera triste
y para pasarme tu pañuelo para secar mis lágrimas.
De niña siempre pensé que serías eterno.
En el último tiempo con los estudios, nos alejamos un poco,
tu salud no estaba muy bien y preferías pasar los días en la tranquilidad de tu pieza.
Lamento no haber podido despedirme de ti a tiempo,
decirte lo importante que fuiste para mi
y que fui muy feliz de compartir tantas historias contigo,
que te amaba y que por supuesto nunca me olvidaría de ti.
Tata, ahora que estarás probando tus teorías acerca de que nos espera en la otra vida,
espero estés en tranquilidad y paz, acá cuidaremos bien de la Nana.
Me despido de ti, de ésta que es mi manera,
sé que estás mejor,
y nosotros te recordaremos por mil cosas siempre.