Alguna vez de reojo te ví,
acariciabas el frío aire del invierno con tu labios.
Parecía que caminabas por el gusto de caminar al igual que yo,
de seguro alguna historia de otro tiempo daba vueltas en tu cabeza,
o tal vez acumulabas las ganas de comenzar una mejor.
Las calles de esta ciudad nos albergaron un tiempo,
conocían nuestros pasos,
y nos extrañaban cuando no les hacíamos compañía.
Muchas veces caminé imaginando a alguien como tú.
Muchas veces caminé pensando que no existía alguien como tú.
Muchas veces caminé, pensando que el mejor camino era regresar atrás,
sin embargo fué cuando miré hacia adelante, que encontré tus pasos,
sincronizados con los míos, pero más delicados.
Me preguntaste si quería hacerte compañía,
pero tenía miedo de caminar con alguien más,
las caminatas solitarias se tornan cómodas con el tiempo,
pero nunca del todo acogedoras.
Te miré a los ojos.
Sospeché que veías profundamente aquello que yo no quería ver.
Caminamos, hablamos y un día reímos.
Desde ése día, deseé caminar siempre junto a tí.
