Cada señal de su existencia,
marcó desde ese día,
la fuerza y el compás de mis latidos.
No hay explicación.
Simplemente, apareció un día caminando junto a mi,
reteniendo toda mi atención,
sembrando las ansias de que no se alejara...
como hacía en ese momento.
Desde entonces fué posible encontrarlo
de forma permanente entre mis pensamientos,
mas nunca me fué fácil aprender a llevarlo conmigo en el corazón.
Quererlo fué un reflejo que se dió con el tiempo,
como prueba de lo humana que soy
y de lo encantador que el pudo llegar a ser.
Creo que nadie sabe,
lo fácil que es caminar una mañana,
sin pensar, en aquellas historias,
que pueden estar a punto de comenzar.
Pero así fué una mañana y a primera vista...
Un hombre, con caminar pausado,
aparentemente preocupado, quizás concentrado
y a la vez perdido en sus ideas.
Fué imposible resistirse a contemplar su actitud
y dirigir la vista para observarlo al pasar,
quedando completamente aturdida ante el encanto de su caminar,
fué un acontecimiento de aquellos para nunca olvidar.
En menos de un minuto,
toda su disposición en el espacio,
se convirtió en un espectáculo increíble,
con su expresión levemente pensativa,
y unos ojos maravillosos,
dormilones, grandes e inocentemente coquetos,
junto a toda esa expresión cautivante, fascinante y varonil,
que hace tan atractiva su figura.
En ese momento no sabía más acerca de el
que aquella escena que protagonizó,
no sabía su nombre,
no sabía a qué dedicaba su vida,
ni qué cosas lo apasionaban,
no estaba segura de si se había percatado de mi presencia,
o si algún día remoto se enteraría de mi existencia.
Nunca imaginé entonces que un día de mi propia boca,
llegaría a enterarse de cuánto fué que iluminó con su humanidad,
ese pequeño momento de mi día bastante común,
advirtiéndome de esa manera acerca de su existencia...
marcó desde ese día,
la fuerza y el compás de mis latidos.
No hay explicación.
Simplemente, apareció un día caminando junto a mi,
reteniendo toda mi atención,
sembrando las ansias de que no se alejara...
como hacía en ese momento.
Desde entonces fué posible encontrarlo
de forma permanente entre mis pensamientos,
mas nunca me fué fácil aprender a llevarlo conmigo en el corazón.
Quererlo fué un reflejo que se dió con el tiempo,
como prueba de lo humana que soy
y de lo encantador que el pudo llegar a ser.
Creo que nadie sabe,
lo fácil que es caminar una mañana,
sin pensar, en aquellas historias,
que pueden estar a punto de comenzar.
Pero así fué una mañana y a primera vista...
Un hombre, con caminar pausado,
aparentemente preocupado, quizás concentrado
y a la vez perdido en sus ideas.
Fué imposible resistirse a contemplar su actitud
y dirigir la vista para observarlo al pasar,
quedando completamente aturdida ante el encanto de su caminar,
fué un acontecimiento de aquellos para nunca olvidar.
En menos de un minuto,
toda su disposición en el espacio,
se convirtió en un espectáculo increíble,
con su expresión levemente pensativa,
y unos ojos maravillosos,
dormilones, grandes e inocentemente coquetos,
junto a toda esa expresión cautivante, fascinante y varonil,
que hace tan atractiva su figura.
En ese momento no sabía más acerca de el
que aquella escena que protagonizó,
no sabía su nombre,
no sabía a qué dedicaba su vida,
ni qué cosas lo apasionaban,
no estaba segura de si se había percatado de mi presencia,
o si algún día remoto se enteraría de mi existencia.
Nunca imaginé entonces que un día de mi propia boca,
llegaría a enterarse de cuánto fué que iluminó con su humanidad,
ese pequeño momento de mi día bastante común,
advirtiéndome de esa manera acerca de su existencia...